¿Por qué facilito el Trabajo que Reconecta?

Durante años, como terapeuta, he acompañado a muchísimas personas en sus procesos de crecimiento y, también, de alivio del sufrimiento.

 

Lo hice primero como profesor de Yoga y Terapeuta Shiatsu y después, durante muchos años, y todavía actualmente, como Terapeuta Gestalt y profesor de Mindfulness. Pero en todos estos años, poco a poco, ha aparecido una incomodidad de fondo: estoy ayudando a la gente a “estar bien” dentro de una sociedad enferma.

 

Vivimos en un marco capitalista que explota, desgasta y nos desconecta de la naturaleza y de los demás. Y nuestra atención se centra, la mayoría de las veces, en adaptarnos mejor a este engranaje explotador, en lugar de preguntarnos cómo cambiar lo que nos enferma.

 

Quiero poner en valor la psicología humanista y espacios afines: han sido y son caminos que abren la puerta a aprendizajes profundos, a una conciencia más llena de quienes somos e, incluso, a experiencias cercanas a la iluminación. Estas prácticas generan sanación real; liberan, ordenan, dignifican el dolor y ofrecen recursos para vivir con mayor presencia y autenticidad. En un mundo herido, este cuidado es necesario e insustituible; ha sido el suelo fértil sobre el que muchas personas, yo incluido, hemos podido arraigar y crecer.

 

Pero distintos sucesos que viví me llevaron a empezar a mirar los límites de la psicología tal y como a menudo lo practican muchos profesionales, incluso en enfoques que valoro, como el humanismo, el trabajo con el trauma o el trabajo sistémico.

 

Y es que, cuando se ignora el contexto social y ecológico, la psicología se convierte fácilmente en una herramienta de adaptación: ayudamos a gestionar la angustia para que la persona funcione en entornos que la dañan, en vez de entender el dolor como una brújula que señala lo que hay que transformar.

Muchas veces incluso falta lenguaje para nombrar el sufrimiento que genera el sistema: lo colectivo y político se traduce en diagnósticos individuales (ansiedad, depresión, estrés) y, de este modo, se pierde su dimensión transformadora.

 

En la formación de profesionales del ámbito de la salud o del acompañamiento emocional también hay un vacío: apenas se abren debates sobre qué nos ocurre cuando vemos desahucios, abusos, flujos migratorios forzados o los impactos de la crisis climática.

 

A menudo quedan fuera del marco de exploración personal, como si no fueran “materia” de la psicología. Y, sin este marco, es fácil que la neutralidad se vuelva complicidad: sin darnos cuenta, podemos estar trabajando para que alguien vuelva a ser “productivo” en un entorno tóxico, o para que se adapte a la precariedad, sin cuestionar sus causas.

 

Uno de mis puntos de inflexión fue tener algunas conversaciones con compañeros, personas con un, aparentemente, gran trabajo personal, que defendían sistemas excluyentes (autoritarismos, restricciones a la libre circulación de personas, negación de la brecha salarial o incluso los efectos devastadores del cambio climático…) y que, desde mi punto de vista, lo pueden hacer, tal y como he comentado, porque en casi ninguna de las formaciones o espacios de crecimiento personal se ponen sobre la mesa la mesa temas como el feminismo, el ecologismo, el fascismo o la economía solidaria y, por tanto, no existe la oportunidad de revisar que nos pasa con todo esto.

 

Otro punto de inflexión fue una mesa redonda en la presentación del libro de un amigo, Ferran Castellarnau, sobre el trabajo del educador social. Allí se dijo en voz alta una idea que yo ya pensaba: demasiado a menudo, los servicios sociales y psicológicos adaptan a las personas al sistema que las oprime en lugar de revisar el sistema.

 

Pasaron meses de exploración y trabajo personal hasta que me di cuenta de que debía abrir mi práctica a una mirada que integrara lo personal y lo social así como lo político y lo ecológico.

 

En esta búsqueda me encontré con el libro Esperanza Activa, publicado en España por Ediciones La Llave, de Joanna Macy y Chris Johnstone. En plena angustia personal por el contexto actual, con los extremismos ganando cuotas de poder y una fractura social y ecológica creciente, aquella lectura me ayudó a no orientar mi dolor por el mundo sólo hacia una investigación psicoanalítica de mi ser, sino hacia una posibilidad de transformación social: el libro acogía el dolor, lo investigaba y también lo convertía en orientación.

 

Así conocí El Trabajo que Reconecta, creado por Joanna Macy, a través del curso de Chris Johnstone en la web activehope.training. El recorrido que realicé en ese curso puso en un orden distinto, y más orientado hacia la transformación social y colectiva, conceptos y aprendizajes que ya había cultivado durante años a través de la meditación, el Mindfulness y la Terapia Gestalt: El Trebajo que Reconecta tenía cimientos sólidos, un mapa práctico y una dirección clara hacia una Esperanza Activa y transformadora. No era sólo trabajo personal; era un camino compartido.

 

Adapté el curso al catalán y al castellano como parte de poder dar a conocer la Esperanza Activa a más gente de mi entorno, creé meditaciones propias para que se pudiera recorrer el proceso simplemente practicando la Atención Plena, y di forma a una serie de cuentos protagonizados por Hara, un personaje que ya había utilizado en un curso de Atención Plena, para que mostrara como es realizar El Trabajo que Reconecta. Así, la sensibilidad, el dolor personal y colectivo, podía convertirse en acción sostenida: sentir, comprender, poner palabras y dar pasos concretos, en compañía.

 

Ahora estoy en el momento de compartir este proyecto. No para ofrecer recetas rápidas, sino por abrir espacios seguros, inclusivos y valientes donde poner nombre a lo que nos pasa y transformar la angustia en Esperanza Activa.

 

Lo haré en catalán y castellano, publicando artículos, compartiendo meditaciones guiadas y los cuentos de Hara, y – pronto – proponiendo talleres y mentorías para andarlo juntos.

 

Si este camino te resuena, te invito a seguir leyendo los próximos artículos que iré publicando y estar pendiente de las redes sociales, donde iré subiendo las meditaciones y los cuentos.

 

Pronto anunciaré también los talleres. Cada lectura, cada práctica y cada conversación suman: empezamos por oír, poner palabras y hacerlo en comunidad. Desde aquí, todo puede moverse.